Ella cae de rodillas y en un instante estoy a su lado.
—Oh, Steph… —La preocupación se apodera del rostro de Isabella.
—Se golpeó la cabeza —digo—. Déjame...
Presiono mis dedos contra su cuello, buscando su pulso. Está ahí: firme, pero débil.
—Ella estará bien, ¿verdad?—, pregunta Isabella.
—Necesita atención médica, ¡ya! —Miro rápidamente la herida de Isabella—. Y tú también.
—Estoy bien.— Tan pronto como dice esas palabras, parpadea con fuerza, como si intentara recomponerse.
Y seguramente qu