Ella cae de rodillas y en un instante estoy a su lado.
—Oh, Steph… —La preocupación se apodera del rostro de Isabella.
—Se golpeó la cabeza —digo—. Déjame...
Presiono mis dedos contra su cuello, buscando su pulso. Está ahí: firme, pero débil.
—Ella estará bien, ¿verdad?—, pregunta Isabella.
—Necesita atención médica, ¡ya! —Miro rápidamente la herida de Isabella—. Y tú también.
—Estoy bien.— Tan pronto como dice esas palabras, parpadea con fuerza, como si intentara recomponerse.
Y seguramente quería enviar un mensaje.
Los paramédicos entran a toda prisa, con luces rojas y azules proyectando sombras en las paredes. En segundos, llegan junto a Stephania. Retrocedo un paso, observándolos mientras trabajan. Isabella está a pocos metros de distancia, con el brazo sangrando, pero con una expresión tranquila y desafiante.
Su fuerza continúa impresionándome.
Ella me mira fijamente, con la mirada fija. —Sí, lo hacemos—.
Isabella abre la boca para hablar de nuevo, pero esta vez no sale nada.
Se