Mis ojos recorren la sala hasta que se posan en una figura enorme sentada al final de la barra. Aunque lleva una chaqueta elegante, parece sacado de una jaula de pelea. Alto, corpulento y de hombros anchos, su imponente tamaño lo hace difícil de pasar por alto.
Como si percibiera mi presencia, Sasha se gira lentamente hacia mí, con una sonrisa pícara extendiéndose por su rostro. No ha cambiado nada.
—¡Melor!—, grita, y su voz retumba por toda la barra. Todas las cabezas se giran, pero yo manten