Arqueo una ceja. «Jamás se lo creería. Me conoce desde pequeña. Además, sabe que jamás la dejaría en nuestra época más ocupada del año por un tipo que acabo de conocer. Sin ánimo de ofender».
Se ríe entre dientes, emitiendo ese sonido grave y retumbante que me irrita de la mejor manera. —No me lo tomo en serio—.
Lo pienso un minuto más y luego chasqueo los dedos. «Creo que tengo una idea que podría funcionar. Hay un curso de repostería en Los Ángeles que me muero por tomar, pero nunca hay cupos. Puedo decirle que me apuntaron por una cancelación de última hora».
Me bajo del taburete y llamo a Claire. La mentira me sabe amarga, sobre todo a medida que su entusiasmo crece. —¡Dios mío, qué genial, Am! Llevas mucho tiempo queriendo hacer esto. Seguro que ayudará al negocio—.
—Tonterías. Llamaré a Susie. Ella nos cubrirá todo el tiempo que la necesitemos.
—Eres la mejor, Claire —le digo, sintiendo la culpa casi devorándome viva.
—Sí, lo sé —dice riendo—. Ahora ve a aprender cosas geniales.