Amelia, mi amiga:
No puedo dejar de mirar al hombre que vive al otro lado de la calle. Solo lo he visto fugazmente desapareciendo en su casa o subiéndose a su coche.
Suele ser tan... reservado. Incluso misterioso. Pero hoy, está al descubierto, desperezándose en la escalera de su casa como si no le importara nada.
Y vaya espectáculo, caray.
Es una fría mañana de noviembre en San Francisco, pero viste como si fuera un día de verano. Sus pantalones cortos se ciñen a sus musculosos muslos y su cam