Tracy
Estoy de pie frente a mi antiguo edificio, con una caja de luz en los brazos y un pesado remolino de recuerdos en el pecho. Hace meses, este era mi plan B. Mi vía de escape.
Ahora está a punto de ser un nuevo comienzo para mi hermano.
Porque detrás de mí, tengo dos guardaespaldas de más de un metro ochenta, Anatoly y Chris, ambos mirándome como si estuviera a punto de entrar en trabajo de parto porque me atreví a levantar algo que pesa menos que mi bolso.
—Dijiste que esa caja solo contenía cojines—, advierte Anatoly, como si estuviera contrabandeando mancuernas.
—Son cojines —respondo, poniendo los ojos en blanco—. Tranquilos los dos. Estoy embarazada, no de cristal.
Está bromeando, por supuesto, pero me hace sonreír.
Porque no hace mucho tiempo, no estábamos seguros de si sobreviviría.
¿Y ahora? Está aquí. Fuerte. Sanando. Limpio. Empezando de cero en el lugar que una vez llamé mi hogar.
—Ni se me ocurriría —digo con una sonrisa—. Pero adelante. Llámala. Me encantaría ver c