Me aclaro la garganta, deseando terminar la conversación. «Si hay algo que quiero que sepas después de esto, es que no soy de tu propiedad. Tú me pagas; yo te doy un buen trabajo. Y si crees que es algo más que esto, me iré en cuanto reciba esta propuesta».
—Es fácil decirlo para ti cuando no asumes el riesgo como yo.—
Otra carcajada brota de mí. —No tienes derecho a controlar mi vida—.
—Si tu vida afecta a la mía y a mi empresa, entonces sí, tengo derecho a controlar tu vida.—
Algo dentro de m