Con mi café con leche en la mano, me dirijo hacia su coche. Está aparcado en doble fila, así que tengo que maniobrar un poco para pasar entre los coches aparcados y llegar a la calle. Una vez junto a su coche, lo rodeo, dejo el vaso de plástico sobre el capó y me giro hacia Angie.
—¡Oye! ¡Ya está aquí!—, grito por encima del ruido del tráfico. —¡No te olvides de llevártelo así como así…!—
Alzo la vista y veo un sedán negro salir disparado de la intersección, dirigiéndose hacia mí a la velocidad