—Eh, te lo cuento enseguida, Mads —dije, volviendo rápidamente mi atención a Britt—. Espera, ¿te refieres al tipo de allí? —Señalé en dirección a la enorme casa, la que había visto al entrar.
—Ese es. Lo vi cuando te esperaba en el porche. Está buenísimo. Un poco mayor, pero no tiene nada de malo. —Estiró el cuello, mirando por la ventana hacia el patio trasero—. ¡Madre mía! Ahí está, jugando con su perro.
Tomó un último sorbo de champán antes de levantarse y agarrarme la muñeca.
Negué con la