La mirada ansiosa de la chica permaneció fija en Mick. Era obvio lo que tenía en mente.
—¿Ya puedo acariciar al perro?—
—Maddie, ¿por qué no dejamos que el señor amable se acerque y se siente antes de que le preguntes eso, de acuerdo?—
—Está bien.—
Mick y yo subimos las escaleras; la mujer rubia nos esperaba arriba.
—Me llamo Brittany —dijo, extendiendo la mano.
—¡Tía Britt! —dijo Maddie, como corrigiéndola.
Le estreché la mano cortésmente.
—Me llamo Valentino. Encantado de conocerte.—
Bajé la