Unos instantes después, volví a la cocina. Allí estaba Piper, con una copa de vino en la mano, esperando a que Mick volviera del patio trasero.
—Oye. ¿Ella está bien?—
—Ella estaba bien; dormía como un tronco.—
Me acerqué a ella. Sin decir palabra y sin dudarlo un instante, apoyó la cabeza en mi hombro. Nos quedamos así un rato; Mick terminó lo que estaba haciendo y pronto entró.
—Eso era lo que tenía en mente. Me contaste lo difícil que fue tu infancia, así que pensé que sería bonito regalarl