—¿Cuál es la sorpresa?— preguntó Maddie.
—Ven aquí, te lo mostraré.—
Ella alzó la mano y se la ofreció. Valentino la tomó con una gran sonrisa mientras la guiaba escaleras arriba hasta el segundo piso. Mick se unió a nosotros al oírnos subir, siguiendo al grupo con sus patas.
—Sé que ya tienes una habitación. Pero pensé que si tú y tu mamá quisieran quedarse a dormir, como esta noche, sería bueno que tuvieras tu propio espacio, ¿no?—
—¡Bien!—
Señaló la puerta con la cabeza. —Ábrela, es toda tu