Aprieto los dientes, furiosa por la forma en que reacciona mi cuerpo, por el calor que se encrespa en mi estómago.
Mis padres. Mi libertad. Mi oportunidad de una vida normal.
Él no merece mi atención, y con toda seguridad no merece ser deseado.
Pero mi cuerpo me traiciona.
Cuando llegamos al altar, Vlad suelta mi brazo, su agarre en mi mano persiste por solo un segundo antes de hacerse a un lado.
Los ojos de Pavel se clavan en los míos. Siento las rodillas un poco temblorosas bajo el peso de su