ALEXEI
Pero nunca me había sentido tan nervioso como estando allí, en el altar. Me ajusto los puños, mirando a la multitud sentada en la iglesia. La suave música de órgano me envuelve.
A mi izquierda, mis hermanos permanecen como centinelas.
—¿Listo para esto?—, pregunta Luk, inclinándose hacia mí.
Elena está frente a mí, radiante con su vestido de madrina de honor. Las puertas de la catedral se abren con un crujido bajo
Un silencio cae sobre la habitación mientras aparece una procesión de da