¿Lo qué había dicho era cierto? ¿Todo ya estaba predestinado? ¿Ya estaba dicho que él le creería a ella cuando le dijera que ese bebé era suyo, y que me odiaría a mí cuando supiera de quien era hija?
Hundí la cabeza en las rodillas y enterré los dedos de los pies en el fresco césped del jardín. Permanecí en esa posición hasta que noté una mano acariciar mi espalda.
Cuando alcé la vista, vi que se trataba de Alan. Enrojecí y deseé salir corriendo lejos de él, pues desde esa noche en Odisea y la