—Anda, Susan, mírame y dime de una vez lo arrepentida que estás de este matrimonio —me presionó, nivelando su mirada a la mía—. Dilo ahora, porque nunca más te daré otra oportunidad de hacerlo.
Le sostuve la mirada, sintiendo sus dedos presionar mi brazo cada vez más fuerte.
—Solo... diré que usted no merece nada de lo que tiene, nada en absoluto —le dije al fin a la cara, hablando pausadamente—. Y sí, me arrepiento de haber confiado en usted, ¡y no quiero ser su esposa, jamás lo quise!
Pe