Apenas amaneció, me levanté de la cama y entré a la ducha. Me tomé un largo baño que se llevó mis ultimas lágrimas y los vestigios de la última noche que habíamos pasado juntos. Cuando salí, me tapé las ojeras con maquillaje y después bajé a la cocina para preparar su habitual café.
Media hora más tarde, él bajó las escaleras ya con un sofisticado traje azul oscuro puesto. Se veía tan apuesto como todos los días, incluso a pesar de haber bebido sin la menor responsabilidad.
—Buenas días —sal