Bajé las escaleras del edificio llorando, mientras la oía gritarme desde el apartamento, llamandome por nombres horribles y ofensivos que una madre nunca debería decir a sus hijos.
Pero extrañamente, no solo lloraba del dolor que me ocasionaba mi madre, también una parte de mí lloraba de alivio y esperanza, porque al fin tenía un escape y la oportunidad de hacer mi vida lejos de ella, muy lejos.
Al fin estaba formando mi propia y querida familia.
—Dios, ¿qué te ocurrió, Suzy? —exclamó Danie