C57: Debe estar en algún lado.
Su pelaje amarronado estaba erizado de punta a punta, enredado con hojas, barro y sangre. El peso de su propia transformación parecía hundirla en un estado de guerra constante entre la confusión y la necesidad de destruir. Su cola permanecía baja, metida entre sus patas, un vestigio del miedo que aún se aferraba a los huesos que alguna vez fueron humanos. Pero sus orejas, pegadas contra su cráneo, y sus colmillos descubiertos en una mueca de agresividad absoluta, delataban su determinación ases