El cuerpo de Nolan yacía en el suelo, inmóvil. Sus patas temblaban levemente, como si su instinto aún intentara obligarlo a levantarse, a luchar una vez más. Pero ya no podía. El último golpe de Somali lo había dejado fuera de combate. Su respiración era agitada, con gruñidos apagados escapando de su hocico entreabierto. Tenía el pelaje manchado de sangre y tierra, los flancos hundidos de agotamiento, y las garras hundidas en el suelo húmedo como si aún se negara a rendirse por completo.
Somali