El sol se filtraba por las cortinas entreabertas cuando Mariana abrió los ojos. Por un instante, la desorientación la invadió al no reconocer el techo que contemplaba. Las sábanas de algodón egipcio, el aroma a sándalo y cuero... No estaba en su habitación.
Giró la cabeza y encontró el espacio vacío a su lado, apenas una leve hendidura en la almohada como único testigo de que Alejandro había dormido allí. Los recuerdos de la noche anterior regresaron en oleadas: su vulnerabilidad, las palabras