Hay una punzada de dolor cuando me golpea increíblemente más fuerte. Mis dedos se aferran a la alfombra de nuevo, pero esta vez por placer, esta vez por la liberación de la tensión, por el calor que se extiende por todo mí, por la dicha que me ha invadido. Gime sobre mí, me penetra cada vez más rápido, hasta que un suspiro pesado y profundo lo abandona. Ojalá pudiera verlo ahora, ver esa satisfacción, ese placer cruzar su rostro, para ver si sus ojos están cerrados o no en este momento. Experim