Y estoy allí. Mi cabeza cae hacia su hombro mientras me convierto en nada más que gemidos y respiraciones agitadas. Mientras el placer me recorre hasta el punto de que le suplico que no se detenga. Mientras las estrellas brillan en la oscuridad sobre mí.
—Sí—, dice, pero parece menos una declaración y más de él señalando mi mentira. —Sí, ahí vamos. Quiero tu semen por toda mi polla. Goteando por mis malditas pelotas, sobre mis muslos. Sí—.
Se estrella contra mí y su agarre sobre mi cuerpo no me