—No puedo creer que mañana empiece el preescolar—, digo mientras miro a los niños correr de un lado a otro por la playa.
Shawn les trae el agua en un cubo. Mis hijos, Liam y Tristan, están sacando la arena para que Shawn eche el agua y haga una especie de zanja alrededor del castillo torcido que han construido. Y la hija de Chary, Alicia, está, con astucia, sentada en la arena, indicándoles qué hacer. A Shawn se le cae el pelo en la cara por décima vez, y tiene que dejar de echar agua para apar