Me mira por el rabillo del ojo. —Oh, ¿cuál me estoy perdiendo?—
—Bueno, no has estado en todos mis agujeros, así que no puedes conocerlos todos todavía—.
Él deja de caminar, pero yo no. Solo le sonrío por encima del hombro y luego me río entre dientes ante su expresión de asombro. Sin embargo, cambia a uno de anticipación antes de que se apresure a alcanzarme.
—No olvidaré que dijiste eso.—
—Ese es el punto.—
—Si alguien supiera las cosas sucias que pasan detrás de esos hermosos ojos—, murmura.