Horas antes.
Los sicarios se habían llevado a Olga a un lugar al que ellos llamaban el "lugar de la tortura"
La sentaron en una silla y la amarraron por las cuatro extremidades.
Olga estaba horrorizada, sintiendo cómo unas fuertes cadenas sujetaban cada parte de su cuerpo, jalándola y lastimándola sin piedad.
Gritaba pidiendo clemencia, pero no iba a obtenerla. Era demasiado tarde para arrepentimientos; cuando ella debió pagar y ser menos jactanciosa, no lo hizo, y ahora le tocaba pagar de ot