Mientras Anna volvía a su consultorio, la culpa la asaltaba como una tormenta. Había roto el corazón de Iván de la manera más cruda, pero en el fondo sabía que era lo correcto.
«No podía seguir alimentando sus ilusiones», pensaba mientras sus pasos resonaban en los pasillos.
Iván merecía la verdad, por más cruel que fuera. Lo peor habría sido dejar que continuara creyendo en algo que nunca podría ser.
«No hay esperanza, nunca la hubo»
Suspiró con cansancio, intentando enfocarse en su próxima