—Eso no importa. Sube si no quieres quedarte con la duda. No tendré otra oportunidad para decírtelo.
—No quiero escuchar lo que tienes que decir —respondió Anna con firmeza.
—Por favor, Anna —la voz de María se quebró—. Te lo suplico. Solo escúchame una última vez.
Anna suspiró, sintiendo cómo las dudas se arremolinaban en su mente. Finalmente, decidió ir, temiendo que María estuviera a punto de hacer algo desesperado.
Cuando salió de la habitación, se topó con Svetlana en el pasillo.
—¿Querid