Anna abrió los ojos lentamente, sintiendo una presión insoportable en las sienes y un dolor punzante en cada músculo de su cuerpo.
Al principio, sintió que todo era confuso, sombras y luces que parpadeaban a su alrededor, pero en cuanto trató de moverse, una oleada de dolor la atravesó. Miró a su alrededor con desconcierto.
No estaba en su casa, ni en el hospital, y definitivamente no junto a Mikhail.
El frío aire de la habitación golpeaba su piel, y al mirar hacia abajo, se dio cuenta de q