Mikhail había tenido un despertar magnífico aquella mañana, como todos sus despertares desde que Anna y Lucas formaban parte de su vida.
El sol brillaba con una intensidad particular, y él, por primera vez en mucho tiempo, se sentía en paz. Los días libres lejos del caos le habían sentado de maravilla.
Llegó al hospital con una sonrisa, más relajado de lo que cualquiera lo había visto en mucho tiempo. Ni siquiera le preocupaba lo que los demás pudieran especular sobre él. Solo estaba enfocado