—Querida, cuéntame cómo sigue el pequeño Lucas. Tengo una sorpresa para ti —dijo una voz masculina al otro lado de la línea, dulce y despreocupada.
Mikhail sintió cómo la sangre le hervía. Su piel enrojeció, las venas de su frente latían con furia.
—¿Quién eres? —rugió con voz tan profunda que sonaba como un gruñido.
—Lo mismo pregunto. ¿Quién eres tú y por qué contestas el teléfono de Anna? —replicó la voz al otro lado, con un tono firme que solo alimentó la ira de Mikhail.
Antes de que pudier