El otoño avanzó con la crueldad implacable de los meses fríos, trayendo consigo las primeras tormentas severas de noviembre. El viento aullaba contra las ventanas de aluminio barato de la pequeña casa, haciendo vibrar los cristales con una violencia que amenazaba con hacerlos añicos en cualquier momento. Afuera, la calle estaba sumida en la oscuridad, azotada por una lluvia torrencial que golpeaba el asfalto como si intentara castigarlo.
En la habitación, Alexandra dormía un sueño inquieto.
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