Grecia escuchó sonar su teléfono, lo rebuscó entre la cama mientras despertaba, era Emanuel. Pero al ver la hora se levantó de un salto sin contestar.
“¡Demonios!”. Maldijo al darse cuenta que llegaría tarde al trabajo, anoche no podía dormir recordando el beso de Emanuel.
Dio un salto de la cama, se lavó y vistió rápidamente, tomó su mochila con sus cosas y salió. Al llegar a la salida saludo al portero y en el momento que miro a lo lejos, se encontró con Emanuel de pie cerca de su auto.
Ella