122. PLACER
El hombre no sube, se mantiene lamiendo con verdadero ahínco el centro de María Isabel, que tira una y otra vez de él sin conseguir alejarlo de su centro. La está enloqueciendo, pero cuando lo invitó tenía en su mente que la penetrara como aquella primera vez que tanto recuerda y revive en sus noches de deseos.
—Sube, por favor —suplica
—¿Segura?… —pregunta al tiempo que le pasa su lengua de abajo hacía arriba por su centro y le succiona su botón haciéndola estremecerse completa —. Disfruta be