CAPÍTULO 24.
MÓNICA MORETTI.
¿ES TU NOVIO?
No sé cómo logré mover una pierna y luego la otra; las sentía tan blandas como gelatinas y temía caer de bruces en el suelo al dar un paso.
—Está bien, Marcos, acepto que me lleves a casa —le confirmé, sin ponerme difícil.
—Buena chica —dijo sonriendo y guiñándome un ojo.
Con todas mis fuerzas, llegué hasta su auto.
Él, como el caballero que es, abrió la puerta y subí. Luego, él también se acomodó y puso el auto en marcha.
Me pregunto cómo supo que esto