Que lo pague el diablo pero que haya boda.
Los esposos Ivanov pasaron a la mesa de los esposos Lombardi, la señora de la casa se había lúcido organizando una deliciosa cena.
— Todo está riquísimo Adriana, eres una magnífica anfitriona.
— Viniendo el cumplido de una chef reconocida como lo eres tú, me halagas muchísimo, Isabella.
— Gracias, pero hace años que no soy chef. Me retiré para cuidar de mis hijos y de mi marido. Además que teniendo trillizos ya no me daba tiempo de nada.
— Sobre todo con lo demandante que es el CEO