CAPÍTULO 56. Jugando con fuego.
—No me dirás qué te trae con él—, Orlando negó mientras reía y no dejaba de mirar hacia el baño. Apenas había empezado con los Martínez; tenía preparadas más sorpresas, y eso lo hacía disfrutar su venganza.
Volvió a mirar a Miguel, quien, al igual que él, no dejaba de observar el camino que da al baño. Él levantó la copa y le hizo una señal mientras pensaba: «Ya veré cuando no tengas un solo centavo si esa mujer de la que presumes te querrá a tu lado». Para él, ella no es más que una superficia