CAPÍTULO 55. La amenaza del niño rico.
En cambio, con esa sonrisa fugaz que él mostró, le provocó a ella que su corazón empezara a bombear fuerte y sus manos sudaran bastante, a pesar de la guerra fría que tienen.
—Mucho duraste, señora, siempre tan altanera. Recuerda que no soy tu peón —trató de sonar frío y despreciable, mientras ella rodó los ojos.
Y luego se preguntó: ¿Por qué la vida es tan injusta conmigo?
Cansada de estar en medio de todos y aún sin poder procesar que Orlando fuera tan hijo de perra, Irina sintió la necesidad