CAPÍTULO 49. De patrón a peón.
—Quedó del almuerzo, come de eso —le sugirió María.
—No voy a repetir la misma comida, así que anda a prepararme unos huevos revueltos. Si dejaras que esta rubia saliera a trabajar para el embajador, estaríamos comiendo filete y viviendo como reyes. Pero ahora la usas de arete... una mujer con tan hermoso trasero debería sacarle provecho —se relamió los labios, ansiando tocar el trasero de Irina.
—Te advierto, Randon: si el proxeneta viene por Irina, te quedarás sin techo, porque a mi cantón no