CAPÍTULO 30. Una esposa para exhibir.
Narrador.
—Únicamente estoy notando los golpes que tiene. Déjeme traer algo para aliviar el dolor —, trató de maquillar sus verdaderas intenciones.
—No te preocupes, es mejor que me duelan —, Irina no la quería cerca porque notó que esas fueron caricias, y aunque una vez notó una mirada rara de su parte, no creyó que fuera cierto hasta ahora, que comprueba que sí.
—Dejaré aquí su comida para que se alimente. Recuerde que, estando fuerte, podrá irse —, fingía interés en ayudarla, pero era la nec