77. EL DOLOR DE VALESKA.
No era una mala idea, aquel pensamiento era oscuro y triste, pero de alguna manera agradable para mi. Despertar en medio de los brazos de mis padres y en compañía de mi abuela.
Me mire en el espejo del elegante baño una última vez, media noche y no podía pegar el ojo, sabía que este día llegaría y que me dolería hasta el tuétano, que no podría respirar, que lloraría hasta que mis lágrimas dejaran de salir. Pero nunca creí que reaccionaría de tal forma que pareciera que nada pudiera afectarme.