76. SOLA.
Los autos se movían por la ciudad a una velocidad desmesurada, porque la situación así lo ameritaba, era necesario que nada los detuviera y la distancia jugaba en contra de Ivar y su escuadrón de seguridad, tres camionetas y un sedan ultimo modelo de lujo donde iba sentado con la ansiedad escurriendo por su frente.
—¿Cuánto falta? —Ivar preguntó al hombre que conducía su auto y era uno de los mejores del país. Tal vez un piloto profesional envidiaria sus habilidades aunque el orgullo no lo deja