22. DEMASIADO PERFECTO.
Clavé mis ojos por la ventana y volví a beber, porque ya ragna había llenado de nuevo el cristal vacío.
¿Cuántos vasos había bebido? Los suficientes como para sentir mis mejillas rojas, pero no tanto como para estar ebria.
¿En qué momento empezamos a cantar y bailar sobre el sofá?, ragna tenía varias prendas sobre su cuerpo y yo creía que estaba viendo bien, pero en realidad veía algo borroso. El sonido de la música era estruendoso y estaba agradecida de no tener vecinos, así no tendría proble