Capítulo 94. Un plan siniestro.
Adrián Soler
Cuando subí el eco de los aplausos del salón, seguía subiendo como una respiración lenta, casi irreal, pero yo ya no escuchaba la música. Los golpes que me había dado ese hombre que ahora resultaba ser el dueño de Argentum Entertainment Group, Delacroix, seguían latiendo en mi mandíbula y mi rostro.
¡Maldito desgraciado! Me había dejado en ridículo frente a todo. Cada latido de mis heridas, cada pulsación era un recordatorio de la humillación de hace unos minutos. Aparte de que es