Capítulo 95. Algo que perder.
Adrián Soler
Vi a Luciana caminar al botiquín de emergencia que colgaba de la pared, ese cuadrado metálico que siempre pasaba desapercibido en el pasillo.
La luz de la lámpara le daba un brillo extraño a su perfil, como si el rostro se hubiera afinado hasta parecer el de una estatua. Yo la observaba, con la mandíbula todavía ardiendo por los golpes de ese maldito Delacroix, y con la rabia aún corriéndome como veneno por las venas.
La veía rebuscar allí dentro con calma, como si buscara caramelo