Capítulo 89. Puedo arruinarte.
Maximiliano Delacroix
Ese silencio se volvió casi sólido, como si de pronto el aire hubiera perdido la capacidad de moverse.
El perfume de las orquídeas y el jazmín nocturno, que minutos antes me había parecido un detalle elegante de la velada, ahora tenía un filo ácido.
Amy seguía a mi lado, la mano pequeña entrelazada con la mía. Sentí su pulso acelerado, su leve temblor; toda mi furia, por muy justificada que fuera, también la había golpeado a ella. Su calor era la única cuerda que me manten