Capítulo 88. El insulto que enciende la mecha.
Maximiliano Delacroix
El rugido que salió de mi garganta todavía vibraba en el aire cuando di el último paso que me separaba de ellos.
Adrián giró la cabeza, y el destello de luna en su mirada fue como un espejo de todo lo que siempre había detestado, soberbia, desdén, una confianza repugnante en su propio poder.
Sus dedos seguían hundidos en los brazos de Amy.
¡Mi Amy, mi mujer, mi esposa!
El mundo entero se me estrechó a un solo punto: sus manos marcándole la piel, encendiendo más mi furia. T