Capítulo 62. Mi condena.
Maximiliano Delacroix
Me incorporé sobre los codos, mirándola fijamente. La penumbra de la habitación no podía ocultar la veracidad que brillaba en sus ojos, aún empañados por el placer. No había coquetería en su confesión, solo un asombro genuino que me desarmó por completo.
—¿Tu ex jamás te dio placer con la lengua? ¿Nunca? —La palabra me salió áspera, cargada de una incredulidad que se transformaba rápidamente en algo más oscuro, más primal.
Ella negó con la cabeza, desviando la mirada por u