Capítulo 59. Entregados a la pasión.
Amy Espinoza
El mundo se redujo al espacio abrasador entre nuestros cuerpos, al sabor, a whisky y a hombre que inundaba mis sentidos.
Intenté resistir, mantener la rigidez en mi cuerpo, aferrarme a la rabia que me había traído hasta aquí. Pero fue inútil. Una oleada de fuego me recorrió las venas, derritiendo la fría armadura de mi decisión.
Un gemido ahogado, que no supe si era de protesta o de rendición, se escapó de mi garganta y fue devorado por él. Mis manos, que un momento antes habían