Capítulo 58. Tu victoria.
Amy Espinoza
Yo me mantuve en silencio, pero la pregunta de Mía cayó sobre la mesa como una piedra en un estanque. Las ondas me alcanzaron de inmediato, agitándome el corazón.
Yo respiré nerviosa, con miedo de permanecer allí, pero me obligué a mantenerme firme. Mi niña sonreía con esa ilusión que no conocía grietas, y yo… yo sabía que él no me era indiferente. Quizá, estaba empezando a elegir a mi manera, aunque todavía no lo admitiera en voz alta.
Maximiliano no se inmutó. Con la serenidad qu