Capítulo 54. Retractarse.
Amy Espinoza
Cuando salí de mi habitación, después de recomponerme como pude, encontré a Mía en el comedor, revoloteando con la energía de siempre. La niñera trataba de calmarla, pero mi hija nunca había sabido caminar: siempre corría, saltaba, reía. Esa inocencia suya era mi única ancla.
Y allí estaba él, sentado en la cabecera, como si la escena de su despacho no hubiera ocurrido jamás. Impecable, sereno, con una taza de café en la mano. El contraste entre su tranquilidad y el caos que me hab